lunes, 28 de septiembre de 2015

Y yo pensé que era amor: una aproximación a su verdadero significado

Escribe: Diana Fernandez 

Desde las canciones más sonadas en la radio, hasta la misma definición que encontramos en el diccionario, afirman, y dan a entender, que el amor es un sentimiento. Tanta es la frecuencia con la que escuchamos esto que terminamos creyéndolo y, por tanto, actuando como si así fuera. 




Hablar del verdadero significado del amor y de todo lo que este implica es algo que siempre me ha gustado –y que también hago– pues me lleva a reflexionar y a cuestionarme si, finalmente, estoy amando de verdad. Y no solo me refiero a amar al hombre del que pudiera estar enamorada (?) sino también a mis padres, amigos y a todas las personas que me rodean. 

Para buscar el significado de una palabra que desconocemos –en este caso, del amor– solemos recurrir al diccionario. Y eso hice. En el diccionario de la RAE encontramos, entre otras, esta definición: 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

No contenta con dicho significado –que por cierto, personalmente, no comparto– sigamos pasando las páginas y veamos qué nos dice sobre qué es un sentimiento. Y tal como lo intuí: 2. m. Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.
Estado afectivo del ánimo… ¿les suena eso, acaso, a <<incondicional y para siempre>>? Los dejo con la pregunta para que saquen sus propias conclusiones. Con estas dos palabras –amor y sentimiento– y sus respectivos significados, me atrevo a insistir que si reducimos el amor a un sentimiento, estamos afirmando que está sujeto a un estado de ánimo y a cambios que este pueda presentar ante cualquier suceso –sea provocado o inesperado–. 

Para aclarar lo descrito líneas arriba, pongo como ejemplo a uno de los amores más puros, incondicionales y desinteresados que existe: el amor de madre. Ahora, preguntémonos: ¿acaso el amor de nuestra madre está condicionado –o sujeto– a un mal día en el trabajo o a buena noticia del momento?, ¿o, quizás, a una discusión que, como consecuencia, terminó en una ofensa hacia ella, ocasionando, obviamente, enojo? Pues no. Esto, tal cual, se puede transferir al amor de pareja. 

Por otro lado, no niego –ni tildo de incorrecto– que cuando uno ama, sentimientos como la alegría, gratificación, euforia, entre otros, afloran. Este hecho es normal y aceptable desde cualquier perspectiva; pero pienso que caemos en un error si creemos que el amor es, literalmente, un sentimiento y actuamos como si así fuera. Es decir, cuando nos dejamos llevar, con mucha frecuencia, por ciertas emociones  de un determinado momento y olvidamos –incluso, dejamos de lado– el sacrificio, la paciencia, perseverancia y entrega que el amor, efectivamente, implica.

¿Por qué hay tantas rupturas amorosas y divorcios?, ¿por qué solemos salir lastimados, con el alma llena de rencor y con desesperanza  –en lugar de obtener un aprendizaje y una lección–, de una mala experiencia durante una relación? Diría que esto ocurre porque no supimos amar. Y es que no podemos hacerlo si no tenemos claro qué significa. Para efectos de una aproximación a dicho significado, podría dar una definición personal que he ido construyendo –en mis cortos y jóvenes 20 años de vida–, según lo que he leído, escuchado y vivido; sin embargo, prefiero citar parte de Corintios 13, uno de mis versículos favoritos de la Biblia. Y lo hago por dos motivos: (i) más allá de que sean creyentes o practiquen una religión, pienso que la descripción del amor en este versículo se muestra universal y apta para todos; y (ii) soy tan humana e imperfecta como para compartir una definición tan personal que podría, de algún modo, no lograr su cometido: darnos a entender qué es y qué no es el amor para, finalmente, aprender a amar mejor. 

Sin más preámbulos, ahí va:


El amor es paciente y muestra comprensión.
El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla.
No actúa con bajeza ni busca su propio interés, 
no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.

No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad.
Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo 
y lo soporta todo. El amor nunca pasará. 

Las profecías perderán su razón de ser, 
callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado.
Porque este saber queda muy imperfecto,
y nuestras profecías también son algo muy limitado;
y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.

Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. 
Pero cuando me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño.
Así también en el momento presente vemos las cosas como en un espejo, 
confusamente, pero entonces las veremos cara a cara. 

Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.
Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor;
las tres, pero la mayor de estas tres es el amor.



Los invito –y esto va para mí también– a reflexionar sobre la dirección que le están dando a su vida, así como a cada paso que dan, y si estos los están llevando a lo que todos –sí, TODOS– estamos llamados: a amar de verdad. Sé que no es fácil, pero el camino que nos lleva a la felicidad –esa que tanto anhelamos– está cimentado, sin duda alguna, en el amor.

Pd: créditos para un buen amigo por ayudarme a entender mejor el significado del amor desde una perspectiva diferente.

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2 comentarios:

  1. Comparto tu opinion, pero dime en tu opinion cómo es que una persona llega a amar? Y más importante a amar en verdad

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  2. Un poco pobre el artículo hablando del amor en sí mismo , que me imagino que es lo que se trató de hacer acá, te dejo esta pequeña entrevista para saber como abordar este tema ya tan estudiado y darle su lugar al amor puro y romántico :https://www.youtube.com/watch?v=cTw8w-axoOQ
    (critica constructiva)

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