lunes, 6 de junio de 2016

Carta de un profesor a un alumno que estudia y trabaja

Exclusiva Voz Actual: Al mismo estilo de los Panama Papers, se acaba de filtrar una serie de correos de la Universidad del Pacífico. El equipo de investigación de Voz Actual (?) tuvo acceso a dos: el primero trata sobre un mail enviado de un profesor de la universidad a un alumno que estudia y trabaja; el segundo, la defensa del alumno. Los detalles a continuación:

De: Dario Muñoz <muñoz_de@up.edu.pe>
Para: Henry Montalban <montalban_he@alum.up.edu.pe>
Fecha: 5 de junio de 2016, 11:21

Asunto: Inasistencias reiteradas 

Estimado señor Montalbán:

Le escribo con seria preocupación: su porcentaje de faltas bordea el límite. Usted ya no puede faltar más. Caso contrario, reprobará el curso.

Le escribo, también, con una profunda tristeza. Las veces en las que usted llega a clases sus opiniones son acertadas y generan debate en el aula y me permiten, además de darme un descanso, generar una dinámica distinta en el salón. Recuerdo claramente cuando no practicaba; llegaba y se sentaba en los primeros asientos y hacía muchas preguntas, tomaba apuntes, subrayaba, cuestionaba, criticaba si había que hacerlo, se le veía ese brillo en los ojos que denotan entusiasmo y energía, elementos que pueden ser capaces de motivar y exigir a cualquier profesor.


Sus ojos, ahora, denotan cansancio. Siempre llega tarde, transpirando, con ojeras, busca sentarse al final, prende su computadora y abre su correo del trabajo o algún trabajo pendiente. Eso lo mata lentamente. Se reta a sí mismo intentando escuchar la clase y trabajar al mismo tiempo. Pareciera que nunca está a tiempo: siempre está un paso atrás o tal vez uno adelante, pero nunca lo siento cuajado en términos de tiempo y espacio. En otras palabras: está en clase, pero al mismo, tiempo no lo está. 

Quizás practicar haya sido lo peor que le puede pasar en su etapa universitaria: lo noto incómodo, ya no disfruta de la clase. Lo peor de todo es que presiento que quiere estar, pero no puede. Quiere seguir adelante pero sabe que tiene que sacrificar algunas cosas, entre ellas, mi curso, el cual, para desgracia mía, es el más temprano de la mañana.

Quisiera ponerme estricto, decir que a partir de cierta hora está prohibido el ingreso. La verdad es que no puedo, me quedaría sin alumnos. La mayoría, al igual que usted, empieza a llegar pasada la clase. Pero con usted es diferente, y por eso le escribo este correo, porque cada vez que entra a clase, toca la puerta, y me mira, puedo sentir la vergüenza en su rostro.


Renuncie, señor Montalbán. Ya tendrá toda su vida para trabajar. Aproveche su etapa universitaria: esa no volverá más. Atienda a clase, participe, tome apuntes, pregúnteme, por favor, lo que sea, pero pregúnteme. Y por favor, renuncie.


Saludos cordiales,

Atentamente:


Darío Muñoz
Doctor en Economía 
Profesor e investigador
Universidad del Pacífico, Lima, Perú
Tel. 511 2190100 anexo 9090



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Pd2 : En la segunda entrega de este texto será publicada la respuesta del alumno que practica y estudia.


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